¿Les conté que fui a la Luna? La vida ahí es muy diferente a la de la Tierra. Partamos diferenciando que todo es mucho más sencillo, y los habitantes
se ven más felices que aquí. Aunque son gorditos, muy gorditos. Cuando me vieron se sorprendieron porque yo no era igual a ellos, tenía la piel morena, y no paliducha como los habitantes de la Luna. Y lo más increíble es que para transportarse ellos simplemente flotaban, no utilizaban sus pies para caminar o manejar un auto, porque ni si quiera había auto. La gravedad no les afecta y dicen que es mejor así porque le sube la moral y sienten que todo es mucho más liviano y llevadero. Les creo.
Pero aún así, hay algo que no me terminó de convencer, y es que yo no podría vivir en ese ambiente; definitivamente no es para mí. No tenían el oxígeno ni dióxido de carbono suficiente para mantener una simple florcita viva, y todos sus ríos, mares y lagunas estaban congelados porque el ambiente no era óptimo y la luz solar no alcanzaba a derretir las aguas.
Si bien tenían una súper tecnología que nosotros sólo alcanzaremos en un millón de años más (eso, si la humanidad aún no se ha suicidado), la naturaleza estaba muerta y lo hacía un lugar para vivir poco llamativo.
De todas maneras, las personas que vivían ahí, eras personas felices.-
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